Archivos de Categoría: Joyería

Lalique, René (Jules

   (Ay, 1860-París, 1945): Destacado diseñador y realizador de joyería y cristalería, que se convirtió en el líder del estilo art nouveau en joyería. Hijo de un mercader, al morir su padre y dado su talento para dibujar, su madre decidió que entrara a aprender el oficio en el taller del orfebre y platero parisino, Louis Aucoc. Además, fue alumno de L’École des Arts Décoratifs, hasta 1878 y, luego, fue a estudiar a una escuela de arte londinense hasta 1881, año en que regresa  a París y comienza a realizar trabajos por su cuenta, para grandes firmas y joyeros, como Cartier,

Boucheron, Aucoc y otros. En 1884 se asocia con Varenne y participa en la Exposición nacional de las artes industriales, organizada con motivo de la presentación de los diamantes de la Corona en la Sala de los Estados del Louvre, recibiendo la felicitación de Alphonse Fouquet como diseñador. Al año siguiente se hace cargo del taller de Jules d’Estape y se instala como joyero. Sus joyas reproducen motivos de rocalla del siglo xviii o se inspiran en el naturalismo de Oscar Bassin, siendo vendidas algunas de ellas en la Casa Cartier o de Frédéric Boucheron. En la Exposición Universal de 1889, Lalique figura como colaborador de numerosos joyeros (Vever, Boucheron, Bourdier). Junto a su producción naturalista figuran joyas inspiradas en los diferentes movimientos que prevalecen en el siglo XIX (renacimiento, siglo xviii francés, arte japonés, etc.). A esta formación siguen años de madurez e investigación buscando medios de expresión más original y personal. Entre 1891 y 1894, realiza varias piezas que le había encargado la actriz Sarah Bernhardt, entre otras un par de conjuntos de joyas que ésta luciría en el estreno de Iseo y Cismonda.

Fue entonces, cuando comenzó a estudiar la introducción del desnudo femenino y del hueso como material en la realización de joyas, y cuando comenzó a interesarse por la fabricación del cristal. Al año siguiente, expuso sus obras en París, ganó el tercer premio y comenzó a hacerse célebre por su innovador estilo art nouveau, llamando la atención de Calouste Gulbenkian, quien se convirtió en su amigo y patrón y le encargó numerosas joyas, que se exponen ahora en el Museo de Gulbenkian de Lisboa. Su amigo Pol Neveux comenta las principales características de sus obras: importancia de la arquitectura o de la composición, unión íntima del dibujo con los materiales y la armonía perfecta en el color. Hacia 1980 asume el estilo renacentista, triunfante en todas las artes. De él toma la figura escultórica femenina que reproduce en algunas joyas, como el broche presentado en el Salón de 1895. Algunas de sus joyas de marfil, en alto y bajorrelieve evocan los poemas de la Divina Comedia de Dante.

Su amistad y colaboración con Rodin (que trabaja entonces las figuras de la Puerta del infierno) incrementan su visión escultórica, pero desde 1888 será la influencia del arte decorativo japonés la que se imponga. Inspirado por esa estética producirá varios broches con una adaptación perfecta de la decoración a la forma, y aún será más visible en los temas preferidos de Lalique: paisajes próximos a la composición de la estampa japonesa, insectos y animales (mariposas, libélulas, serpientes, pavos) que decoran los peines japoneses. Desde 1895 a 1905, Lalique se consagra casi exclusivamente a la joyería, en la que va a desarrollar un estilo nuevo y personal, con temas, técnicas y materias originales. La influencia renaciente le imprimió su amor por las perlas y los esmaltes, y Japón le hizo preferir el cuerno a la concha, los colores metálicos incrustados, oxidados y patinados. Los colores evolucionan hacia una paleta más dulce, que se enriquecerá, desde el 1900 por la utilización de diamantes y otras piedras de color (zafiros, esmeraldas, ópalos, piedra de luna, crisopraso o jade), que pueden aparecer en cabujón o esculpidas. El cristal que utilizaba podía ser transparente para que se viesen los fondos de oro, o podía ser esmaltado o patinado en frío. Le aplica las técnicas del camafeo y del entalle. Se rodea de los mejores especialistas, crea su propio taller de esmalte bajo la dirección de Eugène Feuillatre de 1890 a 1897, y en los otros talleres se rodea de expertos como el diseñador Chardon o el escultor Hoffman. Artista de gran originalidad, combinó el uso tradicional del oro decorado con gemas y esmaltes, con el uso de nuevas formas (como la desnudez femenina), nuevos materiales (como el hueso o el platino, que le gustaba por su ausencia de color, o el cristal), y nuevas técnicas (ya que usó un nuevo tipo de maquinaria para reducir sus grandes diseños).

El estilo de Lalique mostraba una tendencia a lo suave y refinadamente sensual y se expresaba en delicadas representaciones de aves, libélulas, mariposas, flores y desnudos femeninos, de elegantes curvas. Llevado de esta misma sensibilidad las armoniza con el esmalte para evitar la frialdad del metal o lograr la irisación luminosa de las mariposas. El esmalte juega con sus posibilidades de adaptación a todo color y medio. En la Exposición de París de 1900, donde presenta su collar de Avellanas o el gran colgante con cadena de Mujer con adormideras, se reconoce universalmente su valía como joyero, y la realeza y la aristocracia se convierten en sus clientes principales, por lo que, en 1903, diseña y abre su propio negocio en París y en 1905, abre una tienda en la Place Vendôme. Llevado por su interés por el cristal, comenzó a experimentar con este en joyería y, en 1910, compró una fábrica de cristal en Combes- la-Ville, dedicándose cada vez más a trabajar este material, hasta que en 1914 se retiró de la joyería, celebrando antes (1912) su última exposición. Su maestría tanto dentro del art nouveau como del art déco le mereció que el Museo de Artes Decorativas de París le organizase en el pabellón de Marsan la primera exposición retrospectiva de su obra. Hacia 1940, deja la dirección de la firma a su hijo Marc y a su hija Suzanne, con los que trabaja hasta su muerte.

Egipcia, joyería

Joyas realizadas en Egipto, desde el año 3000 a. C., aproximadamente, hasta su conquista por Alejandro Magno en el 332 d. C., cuando decayó el arte egipcio y se impuso la influencia helenística, aunque esta decadencia había comenzado con la conquista persa en el 525 a. C.
Diccionario Ilustrado de la Joyería ( M.ª Teresa Jiménez Priego Desde los primeros períodos, fue muy común el uso del oro y de piedras preciosas, con una fabricación de calidad excelente, como puede apreciarse en los amuletos y brazaletes hallados en algunas tumbas.


Las joyas para los egipc
ios eran símbolos. En un primer momento, solo los faraones y la corte podían llevar joyas, y estas tenían una finalidad funeraria, honorífica, de amuleto o de adorno personal.
Tras una cierta decadencia, se produjo una época de prosperidad bajo la XIII dinastía, riqueza que se aprecia especialmente en las joyas de Tutankhamon (diadema del Museo de El Cairo).
Los motivos de estas joyas solían ser símbolos de deidades o de figuras de animales buitres, halcones, cobras—; y el motivo que con más frecuencia se representaba en sellos, anillos y amuleto era el escarabajo sagrado. Las joyas más comunes consistían en colgantes, diademas, pulseras, pectorales, collares, pendientes y ajorcas, que solían ser de oro, decorados con esmaltes y piedras: lapislázuli, turquesa, cornalina y, a veces, amatista.

Una joya bastante original consistía en un tipo de colgante hueco, en oro fino, en forma de concha de una variedad de ostra. Estos se realizaban durante la xii dinastía (1991-1784 a. C.) y solían tener inscrito el nombre del rey. Aquellos que no tenían nada inscrito se utilizaban como amuleto o como condecoración militar. En el siglo XIX, hacia 1860-1870, hubo un renacimiento de la joyería egipcia y se realizaron artículos que imitaban el estilo clásico egipcio, aunque, para su elaboración, no se utilizaban las antiguas técnicas egipcias.
Véase Dachour, Sir Hathon, Tutankamon, Tanis,
amuletos egipcios.

Yanes

Yanes: Importante firma y familia de joyeros, que comenzó su negocio a finales del siglo pasado, cuando Claudio Yanes (1881-1895), procedente de Malpica de Tajo, se traslada a Madrid, en 1875, y se coloca en una pequeña tienda de joyería de la calle Mayor. En 1881, abre su propio local, en la calle del Carmen, que en 1890 queda destruido en un incendio.
Con la ayuda de su hijo, Esteban (1895-1917), logra rehacer su negocio, quedando en manos de su hijo, al morir Claudio en 1895. Esteban regenta dos locales, ubicados en la calle Montera y la carrera de San Jerónimo, en uno de los cuales expone algunas de las joyas excepcionales, realizadas por encargo, como por ejemplo un pectoral para el obispo de Madrid, que se les encargó con motivo de la boda real, en 1906. Tres años después, Esteban es víctima de una violenta agresión en un atraco a uno de sus locales y fallece al poco tiempo.
Su yerno, Antonio Sarmiento, casado con su hija Manuela, se encarga del negocio, hasta que, entre 1914 y 1916, se incorporan sucesivamente al negocio familiar, sus hijos Andrés (comerciante), Esteban (1914-1970, encargado del taller) y Francisco (diseñador). Al morir Antonio, en 1922, el negocio queda en manos de sus sobrinos.
En 1931, Esteban, que había opositado a Aduanas, se hace tasador oficial de este Cuerpo en Madrid, y abre su propia tienda en la plaza del Ángel. Uno de sus hijos, Jesús (1933), se incorpora al negocio en 1947, desarrollando a partir de 1956 nuevas líneas y colecciones, ayudado por su esposa Manuela. Además, inaugura un lujoso local en la calle de Goya, que es quizá una de las más elegantes y famosas joyerías de Madrid de los años ochenta —en 1981, se celebró con gran solemnidad el centenario de la firma—.
Una nueva generación de la familia se ha incorporado al negocio, que ha podido perpetuarse a lo largo de un siglo, pese a todas las incidencias de la historia. Si las cuatro precedentes generaciones dieron solidez a esta firma, Jesús Yanes Merchante, cabeza de la quinta generación, la ha hecho desplegarse en alas de una prosperidad insospechada.
España le quedó pequeña y voló a Japón, instaurando otros establecimientos modélicos. Jesús Yanes considera que estas creaciones y mejoras se deben en gran parte a su esposa Manuela López Sobrado (1937). Manuela de Yanes no solo asegura en sus cinco hijos la continuidad de creación en joyería, sino que perfecciona su formación en este arte para imprimir un nuevo estilo, nuevos modelos y nueva estética a todas las obras de esta firma, base de su mejor propaganda.

El estudio de la Historia del Arte, su participación en seminarios de Diseño de Joyería en Milán, Laussane y París, su integración con el profesorado de la Escuela de Bellas Artes de Madrid en su profundización en el dibujo y escultura, serán decisivos para su trayectoria profesional. Con el consenso de su esposo inicia un nuevo giro en la expresión, en el diseño, en el tratamiento de las gemas y así, a lo largo del día a día de más de treinta años, engendró joyas, como un prestidigitador angélico, de la chistera del espíritu que la habita, en frase de Camilo José Cela.
Así se desgranaron de sus manos la colección Eterna, Manuela perlas, Malpica, Alhambra, Gaudí. En los albores del siglo XXI, la firma pasa a la dirección de Jesús Yanes, hijo, Mari Carmen y Marian Yanes.

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