Tesoro hallado en la provincia de Sevilla, en Camas, en un agujero abierto en una cabaña de un poblado alto, quizás un lugar de culto o un templo primitivo, lo que ha hecho suponer sean ornamentos sacerdotales. Su carácter no funerario es una de las características que lo diferencian del Tesoro de Aliseda. Está integrado por una veintena de pìezas de  de oro puro, de gran novedad, tanto por su riqueza como por la originalidad de las formas y decoración, que pesan casi tres kg. Son placas rectangulares (elementos, quizás, de una especie de corona), dos pectorales, dos brazaletes y un collar, con dos estilos decorativos, que parecen diferenciar dos juegos distintos.

Collar de cadena loop-in-loop o de columna, con
colgantes en forma de sellos móviles. Tesoro del
Carambolo. Sevilla. Museo Arqueológico de Sevilla.

Uno presenta motivos más menudos, con toques de color con pasta vítrea, y a él corresponden el collar, uno de los pectorales y ocho placas. El collar es la pieza más fina, con cadena de alambres trenzados, suspende un pasador bitroncocónico del que parten cadenillas con ocho (pero uno se ha perdido) colgantes en forma de sello signatario. Es de un tipo frecuente en Fenicia o en Chipre. El pectoral tiene forma de rectángulo de lados cóncavos, que semeja la figura esquematizada de una piel de bóvido abierta. Es la forma con que se fundían los lingotes de cobre en Chipre. En el segundo juego se repite la ornamentación a base de series paralelas y alternas de glóbulos esféricos y rosetas troqueladas. Si las técnicas y la tipología de algunas piezas responden a influencias orientalizantes, los brazaletes no tienen precedentes en Oriente, sino que son de un tipo propio de los ambientes meseteños o centroeuropeos. Este carácter híbrido es explicable por el flujo de contactos culturales y raciales en que se desenvolvía la civilización tartesia en la que tenía un peso importante la raíz indoeuropea o céltica del interior de la península. Parece estar claro que las piezas fueron fabricadas por orfebres que trabajaban en el sur, para una clientela que gustaba de las modas introducidas por los fenicios. La tradición indígena queda patente en este conjunto. El descubrimiento en Sines, Portugal, de un tesoro de joyas de oro, datable en el siglo VII a. C., seguramente el más antiguo testimonio de la colonización fenicia en la Península Ibérica, confirma la posibilidad de que el tesoro de Sines, como las joyas de Aliseda y del Carambolo, y los marfiles de Carmona, sean principalmente un producto del arte orientalizante que no del oriental en sentido estricto. La fecha de realización de este Tesoro del Carambolo es hacia la primera mitad del siglo VI a. C. o hacia el siglo vii a. C., para Moscati, momento del máximo florecimiento del período orientalizante español. La función del tesoro, el peso de las joyas, sus formas, la repetición de los dos juegos y la ubicación del hallazgo, hacen pensar que sean piezas destinadas al ornato de una estatua de culto más que a adorno personal. Este tesoro, al que pertenece la fig., se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla.